jueves, 23 de febrero de 2012

El metal se une a las modas absurdas... (Una vez más)

Mira que hay grupos que me gustan y mira que agradezco cuando se curran un videoclip. Pero hay cosas absurdas y clips que son una mierda. Las cosas como son. Pues cuando estos se ponen de moda me da bastante penita.









Y luego, a veces, resulta que ni siquiera el grupo lo considera su videoclip oficial y sacan otro...

Solo salvo a este por la de grupazos que juntan en un clip :)




domingo, 29 de enero de 2012

Sueños raros: elefantes poseídos por espíritus que sufren

Nuevo sueño raro. Más bien pesadilla.

Estoy paseando con un amigo (no sé quién era, pero en el sueño era mi amigo) por un parque bastante lúgubre. Como un especie de retiro en invierno. Creo que era el parque de Postdam, a las afueras de Berlín. Entonces llegamos a una iglesia abandonada. Entramos.

La iglesia estaba con todo tirado, como si hubiese sido saqueada. Algunas antorchas iluminan levemente la estancia y lo único que podemos ver mi amigo y yo es una especie de cabaña en el fondo. Según nos vamos acercando oímos un ruido. Algo se mueve. Al fondo, dos mujeres tapadas por mantas nos miran. Mal rollo. Parecen gitanas.

Damos pasos para atrás, ellas se empiezan a levantar poco a poco. Acojone máximo. Según se levantan dejan caer las mantas que las tapaban, parece que no llevan ropa. Cuando vamos a huir una tropa de conquistadores españoles del siglo XV armados con mosquetes y picas entran gritando en la iglesia. Ríen como bastardos borrachos en una taberna. Aprovechando el desconcierto salimos corriendo.

Cuando llevamos corriendo un buen rato, mi amigo y yo decidimos que es mejor irse a otro parque. Me coge de la mano y nos vamos volando.

- ¿- ¿Y esto? –pregunto desconcertado.

- A- Así tardamos menos –responde.

Llegamos a otro parque. Este está iluminado. Damos una vuelta y flipamos con lo que ha pasado. No logramos entender por qué hemos visto lo que hemos visto.

Oímos gritos.

La gente huye de algo. Vamos corriendo a ver qué es.

Un elefante encabritado está liándola parda en el parque. Vamos a salir corriendo pero algo inquietante sucede. El elefante grita mi nombre.

- D- Debiste ayudarme. Podrías haber evitado que los españoles abusaran de mí.

Todos los que estaban huyendo me miran. Parece que creen que soy el culpable de lo que está pasando. Parece que me están diciendo todos “¿Por qué no la ayudaste?”.

FIN

lunes, 16 de enero de 2012

Jazztel... again.

Para empezar bien el año han decidido llamarme mis viejos amigos de Jazztel.

- ¿Está el señor de la casa?
- Sí pero no.
- ¿Disculpe?
- Está encerrado en una habitación.
- ¿Y no me lo puede pasar?
- No, es un zombie. Si le intento dar el teléfono puede que me muerda.
- Ah... ya... vaya.
- Sí. Habitualmente la gente se convierte en zombie porque le muerden pero en el caso de mi padre fue porque no paraban de llamar los de Jazztel. Fíjese hasta dónde pueden llegar ustedes con tanta llamada.
- Hahahah... bueno.. no se preocupe. Usted dele morfina que se pondrá bien (¿? Iba de enrollado el tío, supongo).
- ¿Morfina? No diga tonterías, eso no afecta a los zombies.
- ...
- Con que dejen de llamar a mi casa me vale.
- Vale, entendido. Muchas gracias.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Sueños raros: Las carreteras rusas

El otro día tuve un sueño realmente raro:

Salía yo del gimnasio donde practico taekwondo. Todo era normal salvo por una cosa, en vez de salir a la calle habitual salí a un especie de ciudad nevada con muy pocos edificios. Cómo no sabía dónde estaba decidí preguntar a gente del gimnasio.

Tras aguantar miradas de “es obvio” o “¿Qué te has fumado?” descubrí que estaba en Rusia. No sé en qué parte, pero era Rusia. Así pues, o mi gimnasio se había cambiado de sitio durante la clase o bien alguien había cambiado al enorme país eslavo de lugar sin que yo me diese cuenta. Lo peor de todo no era eso, era que no sabía cómo volver a casa.

Tras preguntar a mis compañeros que cómo podría volver me dijeron que no sabían. Que ellos volvían en los coches que hay aparcados debajo del gimnasio. Eso corroboraba mi teoría de que habían cambiado el gimnasio de sitio pues nunca hubo tal aparcamiento. Además es mucho más lógico que muevan un edificio de golpe que un país entero como puede ser Rusia.

Así pues, tenía que encaminarme a casa pero no sabía cómo. Pregunté, pregunté y un buen hombre me dijo que era muy fácil, sólo había que seguir una grieta en el suelo que me llevaba hasta España. Miré al suelo y efectivamente, una falla separaba la tierra en dirección al horizonte, en dirección a mi hogar. Sin más dilación me puse a caminar hacia mi casa.

Mientras seguía la grieta pude observar cómo ésta se hacía cada vez más grande o profunda en ciertas zonas. Eso parecía ser un problema de no ser porque en Rusia, o por lo menos en mi sueño, hay “operarios de grietas”. Éstos son humildes trabajadores que arreglan las grietas para que no haya problemas. Son algo así como la copia de los que arreglan los baches y huecos en las carreteras o autopistas. Realmente son iguales, con chalecos reflectantes, con gorros y botas (o por lo menos así me los imagino)… la única diferencia es que en vez de arreglar carreteras arreglan grietas.

Antes de seguir hacia casa pude observar que estos dignos operarios del Estado ruso no usaban cemento para rellenar o tapar las grietas. Usaban una materia prima mucho más abundante: legos. Sí, las grietas estaban rellenas de bloques y bloques de lego. ¿Lógico verdad?

Bueno, pues eso fue mi sueño de la semana pasada. Supongo que morí abandonado en una cuneta de una carretera rusa porque no me acuerdo de más.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Sueños raros: Zombies en Helsinki

Hoy voy a inaugurar una nueva sección en mi blog: “Sueños raros”. Lo llamaría “Sueños bizarros” pero bizarro significa valiente (lo aprendí el otro día), y mis sueños no son valientes, son raros. Además, esta sección en mi blog viene en base a que… es mi blog y hago lo que me da la gana. Y si cuento algo es porque a mí me importa y creo que a un determinado número de lectores -dos o tres en el caso de los sueños raros- puede resultarles interesante.

Así pues, comenzaré mi lista de sueños raros con el más reciente. Advierto que no tienen lógica, no tienen un principio determinado ni un final especial. Son raros y punto. Y como mucho puede servir para demostrar que eso de que los sueños son premociones… va a ser que no. Son, desde mi punto de vista, relaciones de lo que has vivido mezclado con una historia que te montas tú en la cabeza.

El caso, el primer sueño raro que voy a relatar lo he tenido esta semana. Tiene que ver con dos cosas que me han pasado en la vida real: hablar en clase de Narrativa de la serie Walkind Dead, y mis trámites para irme seis meses de Erasmus. Por eso lo voy a bautizar como “Zombies en Helsinki”, y este es el relato:

Estoy caminando con mi novia por una pradera verde en dirección a una casa de campo que hay cerca. No sé cómo serán las casas de campo en Finlandia, pero en mi imaginación son como las de la campiña francesa. El caso es que cuando llego al borde de los terrenos de la casa empiezan a aparecer zombies. Afortunadamente, no son de los que corren como un humano normal (últimamente en las series, libros y películas los zombies corren que se las pelan, empuñan armas y hasta se sacan doctorados…), así que no hay demasiado problema en esquivarlos.

Con una maniobra hábil de distracción, basada en mover unas sábanas rosas que hay tendidas en una cuerda, logramos evitar a los zombies para poder acercarnos a la puerta y llamar a la casa. Pero no nos abren. Así que golpeamos la puerta y entramos. Lo primero que vemos nada más entrar es un pasillo derruido y oscuro… lo cual es desconcertante porque desde fuera la casa parece bastante lujosa. Cerramos la puerta atrancándola con unos tablones y avanzamos por el pasillo. Como los zombies ya saben dónde estamos golpean las ventanas sin parar. Nosotros avanzamos sin titubear y nos metemos en la primera habitación que vemos.

Resulta que la estancia a la que hemos accedido es un salón lujoso. Pero no está vació, a un lado hay unos estudiantes Erasmus quejándose de que una infección mundial haya empezado justo en la ciudad en la que elegían hacer Erasmus. Por otra parte, a un lado, está mi colega Pedro leyendo un libro. Nos mira, nos saluda, y se alegra de que hayamos llegado. (O sea, que estábamos buscando su casa sin saberlo). Le explicamos cómo hemos entrado, se queja de que hayamos roto su puerta, grita a su madre que lo arregle, y nos lleva una habitación.

Las habitaciones, como no podía ser de otra manera son lujosas y espaciosas. Lo malo es que dado el apocalipsis zombie que se está gestando fuera están llenas de cosas de primera necesidad. Pero no pasa nada. Como favor por su hospitalidad nos pide que vayamos a ayudar a entrar a un colega que viene en coche. Decido ayudarle.

De camino a la parte de la finca por la que entran los coches me cruzo con la madre de Pedro. Lleva una pala llena de sangre y me dice que tenga cuidado al entrar la próxima vez. No le doy más importancia y avanzo hasta la verja para dejar pasar al amigo que viene en coche.

Aunque todavía no ha llegado abro la verja. Empiezan a llegar zombies que estaban escondidos para poder entrar en cuanto alguien se despistase. Cuando empiezo a correr llega el amigo de Pedro en su coche a gran velocidad. Es un tipo en un deportivo que con risas maniacas y descontroladas atropella a todos los zombies de la zona. Con varios giros y derrapes elimina la amenaza y me pide que cierre la verja.

Cierro la verja.

FIN.